Dejar Europa atrás: el instante en que empieza el viaje

dejar Europa atrás

Dejar Europa atrás: el instante en que empieza el viaje

Hay un momento que no sale en las fotos.

No es la primera curva en Marruecos. Ni el primer té. Ni el primer “salam”.

Es antes.

Es cuando Europa se queda detrás y, aunque sigues siendo tú, ya no estás en el mismo sitio por dentro.

Si quieres ver el viaje completo ordenado por etapas y lecturas, aquí tienes el índice editorial:
Marruecos de costa a costa, en moto (hub).
Y si buscas una visión amplia, humana y práctica de lo que significa rodar allí, empieza por aquí:
viajar en moto por Marruecos.

No es un ferry, es una línea interior

Lo llamamos “cruzar el Estrecho” como si fuese un trámite.

Como si fuese una puerta automática.

Pero no.

Para mucha gente, esa línea es el primer espejo: te pone delante la verdad.

No la verdad del país al que vas. La tuya.

La verdad de si estás preparado.

La verdad de si vas por curiosidad o por hambre de algo que no sabes nombrar.

La verdad de si estás yendo hacia un sitio… o escapando de otro.

Lo que se queda en la orilla

Europa se queda detrás con su orden.

Con su velocidad pactada.

Con su sensación de “todo controlado”.

Y no es una crítica.

Es una constatación.

Hay lugares donde la vida no te pide que la entiendas. Te pide que la mires. Y que sigas.

En ese borde, empiezas a soltar cosas sin darte cuenta:

  • la necesidad de tener razón,
  • la manía de planificarlo todo,
  • la urgencia de explicar lo que haces,
  • y esa máscara tranquila que a veces nos ponemos para no admitir que estamos nerviosos.

Porque sí: se puede tener experiencia y, aun así, sentir ese nudo.

Y ese nudo no te hace menos motero.

Te hace real.

Lo que te llevas aunque no lo metas en la maleta

También te llevas cosas buenas.

Te llevas una parte de ti que en casa se queda dormida.

Una parte que escucha más.

Que mira menos el reloj.

Que no necesita demostrar.

Es extraño: cuanto más lejos, más simple.

Gasolina. Agua. Abrigo. Una cama. Un saludo.

Y la cabeza, de pronto, con menos ruido.

Cuando el viaje te mira de vuelta

Hay una escena que se repite.

Da igual si vas con amigos o vas solo.

Da igual si cruzas con calma o con el pecho apretado.

En algún punto, el viaje te mira de vuelta.

Y te pregunta sin palabras: “¿Vienes de verdad?”

No “¿vienes como turista?”.

No “¿vienes a tachar lugares?”.

Viene a preguntar si estás dispuesto a adaptarte. A bajar un poco el ego. A aceptar que allí no mandas tú.

Si quieres leer el arranque del viaje desde la carretera, con el Estrecho ya delante y el cuerpo ya metido en la decisión, este es el siguiente paso:
el Estrecho y el primer gesto de cruzar a África en moto.

Si estás a punto de cruzar

No te voy a vender nada aquí.

Esto no va de empujar.

Va de acompañarte.

Si estás a punto de cruzar, escucha esto:

  • No necesitas ir “valiente”. Necesitas ir despierto.
  • No necesitas tenerlo todo cerrado. Necesitas margen.
  • No necesitas impresionar a nadie. Necesitas presencia.

Porque Marruecos —el de verdad— no es para todo el mundo.

Y aun así, a veces es exactamente lo que alguien necesita.

Cuando vuelvas, lo entenderás mejor.

Y si quieres asomarte a cómo se cierra un viaje por dentro, sin frases bonitas, aquí lo tienes:
el cierre del viaje (cuando todo se recoloca).

Si te ronda la idea de vivir la experiencia completa de “costa a costa”, sin prisas y sin postureo, aquí está la información del viaje.
Mírala con calma, como se miran las cosas importantes:
Marruecos de costa a costa.

Y si decides no cruzar todavía, también está bien.

Hay viajes que empiezan mucho antes del mapa.

Entradas recomendadas