Escuchar lo que no hace ruido en la Transpirenaica

escuchar lo que no hace ruido en la Transpirenaica

La Transpirenaica hace ruido al principio.

Puertos, paisajes, expectativas. Todo suena fuerte.

Pero hay un punto en el que ese volumen baja.

No ocurre de golpe. Ocurre cuando dejas de buscar algo concreto. Cuando ya no esperas que el viaje te dé una respuesta clara.

Ahí empiezas a escuchar otra cosa.

No es una voz. No es una idea brillante. Es una sensación fina, casi incómoda al principio.

Suele aparecer cuando el cuerpo sigue rodando y tú notas que no estás del todo dentro. Ese desajuste abre una rendija por la que se cuela lo importante. Si te reconoces ahí, aquí está puesto en palabras: cuando tu cuerpo sigue y tú te quedas atrás.

Escuchar lo que no hace ruido implica bajar el ritmo interno. No siempre porque quieras, sino porque ya no puedes seguir igual.

Ese momento no es una caída. Es un ajuste.

La mayoría intenta taparlo apretando más. Más kilómetros. Más puertos. Más épica. Pero la Transpirenaica no va de eso.

Cuando dejas de competir —ni siquiera contigo— el viaje se recoloca. Aquí lo explico sin consignas: no tener que aprovechar toda la Transpirenaica.

Esta forma de escuchar la ruta forma parte de una lectura más amplia, pensada para quienes saben que no todo lo importante se oye alto. Todo está ordenado aquí: la Transpirenaica interior.

Y si quieres entender por qué esta ruta empieza a hablarte justo cuando dejas de exigirle respuestas, este es el marco completo: la Transpirenaica que te pide bajar el ritmo.


Esto lo escribí cruzando los Pirineos.
Si esto te resonó, este libro te va a hablar.
El Susurro del Pirineo

Entradas recomendadas