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Marruecos en moto no es solo desierto: lo que muchos descubren demasiado tarde
Si preguntas a diez motoristas qué les viene a la cabeza cuando piensan en Marruecos, es probable que la mayoría responda lo mismo.
Desierto.
Dunas.
Arena.
Y tiene lógica.
Son las imágenes que más se repiten en redes sociales, vídeos y reportajes de viajes.
El problema es que también son las que dejan fuera gran parte de la historia.
Porque Marruecos es mucho más que eso.
Y quien cruza el Estrecho esperando encontrar únicamente arena suele llevarse una sorpresa antes de terminar el segundo día de ruta.
El Marruecos que casi nadie imagina
Marruecos tiene la capacidad de cambiar de escenario constantemente.
Puedes desayunar junto al Mediterráneo.
Pasar el mediodía rodeado de montañas.
Y terminar la jornada atravesando un paisaje que parece sacado de otro continente.
Eso es precisamente lo que convierte al país en uno de los destinos más completos para viajar en moto.
No por un lugar concreto.
Sino por la sucesión continua de contrastes.
Montañas que no esperabas encontrar
Muchos viajeros desconocen que algunas de las jornadas más memorables de Marruecos transcurren entre montañas.
El Rif.
El Atlas Medio.
El Alto Atlas.
Nombres que sobre el mapa pueden parecer simples referencias geográficas.
Sobre la moto se convierten en carreteras que cambian constantemente de ritmo, paisaje y carácter.
Y es precisamente ahí donde muchos viajeros empiezan a entender que Marruecos no es el destino que imaginaban.
Las gargantas que cambian la percepción del viaje
Hay lugares que impresionan por una fotografía.
Y otros que sólo se entienden cuando ruedas dentro de ellos.
Las gargantas del Todra y del Dades pertenecen a esta segunda categoría.
La carretera se abre paso entre paredes de roca gigantescas.
Las curvas aparecen donde menos las esperas.
Y la sensación de estar viajando por un territorio completamente diferente al del día anterior se vuelve constante.
Es uno de esos momentos en los que entiendes por qué Marruecos no puede resumirse en una sola imagen.
El Atlántico que casi nunca aparece en las fotografías
Curiosamente, una de las partes más desconocidas de Marruecos suele ser también una de las más agradables para viajar en moto.
La costa atlántica.
Tras las montañas, los valles y las zonas más áridas del interior, llegar al océano supone un cambio de ambiente difícil de explicar.
La temperatura cambia.
La luz cambia.
Incluso el ritmo del viaje parece diferente.
Y ahí aparece otro Marruecos que muchos ni siquiera sabían que existía.
Lo que hace especial a este país no es un lugar concreto
Si hubiera que resumir Marruecos en una sola frase, probablemente sería esta:
nunca permanece igual durante demasiado tiempo.
Cuando crees que ya has entendido el paisaje, cambia.
Cuando te acostumbras a una forma de conducir, cambia.
Cuando piensas que ya sabes lo que te espera al día siguiente, vuelve a cambiar.
Y quizá por eso tantos viajeros terminan diciendo algo parecido cuando regresan.
Que esperaban un viaje al desierto.
Y encontraron un país mucho más complejo de lo que imaginaban.
La pregunta que conviene hacerse antes de cruzar el Estrecho
La cuestión no es si Marruecos tiene desierto.
Por supuesto que lo tiene.
La cuestión es si quieres limitarte a conocer una pequeña parte del país o recorrer una ruta capaz de mostrar muchos de sus contrastes.
Porque son precisamente esos cambios los que convierten el viaje en algo difícil de olvidar.
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