Rodar con miedo también es rodar en la Transpirenaica

bajar el ritmo en la Transpirenaica

No todo el mundo lo dice, pero pasa.

Vas rodando por la Transpirenaica y, de repente, aparece el miedo. No el miedo al asfalto ni a la curva. El otro.

El que no se ve.

Miedo a no estar a la altura del viaje. A no sentir lo que “deberías”. A no disfrutar como otros cuentan que disfrutaron.

Ese miedo no te frena. Te acompaña.

Sigues avanzando, pero con una tensión fina en el pecho. Como si cada kilómetro tuviera que justificar algo.

En muchas curvas ese peso se vuelve más evidente. No es la carretera. Es lo que llevas encima. Aquí lo cuento sin épica: el peso invisible en las curvas de la Transpirenaica.

Rodar con miedo no te hace menos viajero. Te hace humano.

El problema empieza cuando conviertes ese miedo en comparación. Cuando miras cómo ruedan otros y decides que tú no lo estás haciendo bien.

La Transpirenaica no es una competición. No por fuera. Y tampoco por dentro. Aquí lo explico sin consignas.

Este texto forma parte de una lectura más amplia de la ruta, pensada para quienes sienten más de lo que enseñan. Está todo ordenado aquí: la Transpirenaica interior.

Y si quieres entender por qué esta ruta remueve tanto aunque no pase nada “grave”, este es el marco completo: la Transpirenaica que te pide bajar el ritmo.


Esto lo escribí cruzando los Pirineos.
Si esto te resonó, este libro te va a hablar.
El Susurro del Pirineo

Entradas recomendadas