Un día cualquiera rodando en moto por la Transpirenaica

puertos de montaña Transpirenaica

El día empieza antes de que el sol termine de asomarse.

No porque alguien lo imponga.
Porque el cuerpo lo pide.

 

Hay algo curioso cuando llevas varios días en ruta.

El reloj deja de mandar.

Te despiertas con calma.
Desayunas mirando las montañas.
Y cuando sales al aparcamiento, las motos están allí, quietas, todavía frías, esperando.

 

Arrancas.

El motor rompe el silencio de la mañana.

Y durante los primeros kilómetros nadie habla mucho.

No hace falta.

 

La carretera empieza a subir.

Primero suave.
Luego un poco más.

Curva.

Otra.

Otra más.

 

Los puertos del Pirineo no se imponen.

Te van llevando.

Te piden atención.

Te invitan a entrar en ese ritmo extraño donde todo encaja: la trazada, la mirada, el cuerpo que acompaña.

 

Cuando llegas arriba paras.

A veces por las vistas.
A veces por respirar.
A veces solo porque sí.

 

Te quitas el casco.

El viento pasa por la cara.

Durante unos segundos no pasa nada.

Y, curiosamente, eso es exactamente lo que necesitabas.

 

Luego viene la bajada.

El valle aparece al fondo.
El asfalto serpentea entre prados verdes y pequeños pueblos que parecen colocados ahí desde hace siglos.

 

En uno de ellos paras a tomar café.

Un bar pequeño.
Una terraza con dos mesas.
Una conversación que empieza hablando de la ruta y acaba hablando de cualquier otra cosa.

 

Es curioso cómo cambian las conversaciones en estos viajes.

Al principio hablas de motos.

Después hablas de caminos.

Y al final hablas de la vida.

 

Vuelves a la carretera.

Otro puerto.

Otro valle.

Otro paisaje que se queda grabado en algún sitio que no sabías que existía.

 

En algún momento del día miras el mapa.

Y entonces lo entiendes.

No estás dando una vuelta.

Estás atravesando una cordillera entera.

De mar a mar.

 

Cuando cae la tarde el cuerpo está cansado.

Las piernas lo notan.
Los hombros también.

Pero por dentro hay una sensación difícil de explicar.

Ligereza.

 

Como si cada curva hubiera ido soltando algo.

Como si cada puerto hubiera ordenado un poco más el ruido que traías contigo.

 

Después de varios días rodando así ocurre algo curioso.

Dejas de pensar en kilómetros.

Empiezas a mirar el viaje de otra manera.

 

Por eso la Transpirenaica se queda dentro de quien la recorre.

 

Te cuento por qué aquí:

Por qué la Transpirenaica no se olvida

 

¿Quieres saber más sobre la Ruta Transpirenaica en moto?

Aquí tienes toda la información.


Contactar por WhatsApp

Entradas recomendadas