
Venimos del norte moderno. De ciudades que no posan, que muestran sin adornos. Y ahora, la carretera se vacía. El tráfico se aleja. El Estrecho se acerca. Y con él, ese silencio raro que acompaña los finales verdaderos.
Tabla de contenido
Regresar por dentro
La moto avanza. Tánger Med espera. Pero no hay prisa. Porque cada curva es una despedida. Cada kilómetro, una revisión. Las imágenes del viaje desfilan sin orden: el Rif, el desierto, el Draa, el mar. Todo está ahí, mezclado. Todo ha dejado huella.
Este último tramo no tiene grandes paisajes. Pero tiene algo más fuerte: perspectiva.
El ferry que ya no es el mismo
Subimos al ferry. Igual que al principio. Mismo barco, mismo casco, misma gente. Pero nada es igual. Porque ahora ya sabes cómo huele Marruecos. Cómo suena. Cómo te mira.
Cuando lo cruzaste por primera vez, lo hiciste con nervio. Ahora lo haces con gratitud. Con respeto. Con la certeza de haber estado de verdad.
Y mientras Europa aparece de nuevo en el horizonte, algo en ti se resiste. No al regreso. Sino al olvido.
Lo que te llevas sin saberlo
No sabías qué ibas a encontrar. Y ahora tampoco sabes muy bien qué te llevas. Solo sabes que algo se quedó. Que algo cambió. Que esta ruta no fue un viaje. Fue una transformación sobre ruedas.
No fueron los kilómetros. Fueron las miradas. No fue la moto. Fuiste tú rodando con otros, cruzando lo inesperado, aceptando el ritmo real de un país que no se vende: se revela.
La tribu ya existe
Puede que no todos lo digan. Pero lo sienten. El grupo que empezó el viaje ya no es el mismo. Hubo risas, tensiones, charlas nocturnas, silencios compartidos. Ahora hay un hilo invisible que une. Una historia común. Un Marruecos dentro de cada uno.
Y eso no desaparece al bajar del barco.
Marruecos no se visita. Se atraviesa.
Este viaje no busca gustarte. Busca mostrarte. Abrirte. Romperte un poco. Para que vuelvas con menos certezas y más mirada.
Y cuando te pregunten cómo fue, no sabrás qué decir. Solo sonreirás. Porque las palabras no bastan. Porque esto, lo que viviste, no se cuenta: se queda dentro.
De costa a costa. De fuera hacia dentro. Y vuelta.






