
No todos los viajes te cambian.
Al menos, no como esperamos.
Algunos no traen respuestas.
No te hacen más valiente.
No te convierten en otra persona.
Y, aun así, cuando vuelves, algo no encaja del todo.
Para situar este texto dentro del viaje completo: Marruecos de costa a costa en moto
Tabla de contenido
El cambio no siempre es visible
No hay un momento exacto.
No hay una escena clara.
No hay una frase que lo explique.
El cambio llega sin anunciarse.
Como llegan las cosas importantes.
Un día te das cuenta de que escuchas más.
Otro, de que discutes menos.
Otro, de que ya no necesitas llenar cada silencio.
Y no sabes decir cuándo empezó.
No fue una revelación
Fue acumulación.
De días sencillos.
De carreteras largas.
De miradas que no pedían explicación.
De equivocarte sin consecuencias graves.
De seguir rodando.
El viaje no te empuja.
Te va desgastando lo que sobra.
El punto donde algo se quiebra
Casi siempre hay un lugar.
No por espectacular.
Sino por honesto.
Un sitio donde entiendes que no todo tiene que ser épico.
Que no todo viaje necesita ser contado.
En el sur, lejos de la postal, ese punto aparece.
→ Zagora: el desierto sin épica
Volver no es cerrar
Volver es integrar.
Integrar el ritmo.
La mirada.
La forma de estar.
No vuelves distinto.
Vuelves más tú.
Y eso, a veces, incomoda.
Por qué este tipo de viaje no es para todo el mundo
Porque no entretiene.
No distrae.
No te tapa.
Te deja solo con lo que hay.
Y no todo el mundo quiere eso.
Si este tipo de viaje te está resonando: Marruecos de costa a costa en moto
No promete cambiarte. Solo acompañarte.
Hay viajes que no te transforman.
Te devuelven.






