Del mar al Rif: cuando Marruecos se pone serio

El rif en moto
Rodar por el Rif en moto empieza así: dejando atrás el Mediterráneo. El azul, la brisa, las curvas abiertas. Todo eso se va desdibujando mientras ganamos altitud. Marruecos cambia de piel. Y tú también.

Lo que viene es el Rif. Una montaña verde y áspera. Una carretera que se encierra. Y un silencio que no es poético, es real.

Venimos del mar. De un Marruecos que fluía sin esfuerzo. Pero ahora la moto tiene que trabajar. Y tú también.

Taza y el Rif en moto: la entrada a otra cosa

Taza no es famosa. Y por eso nos interesa. Es la bisagra entre el Marruecos costero y el país interior. No es bonita, ni busca serlo. Pero tiene algo que te atrapa: autenticidad sin adorno.

Calles que no están pensadas para turistas. Cafés donde nadie te mira raro. Tiendas donde el francés suena roto. Es Marruecos sin filtro.

La frontera emocional

Este tramo de la ruta no tiene grandes postales. Tiene otra cosa: recogimiento. Empiezas a rodar más hacia dentro que hacia fuera.

Y eso es una forma distinta de viajar.

Del Rif al corazón

Lo que sigue es el Marruecos verde. Bosques de cedros, lagos escondidos, pueblos bereberes. Pero aún no llegamos ahí.

Ahora toca absorber lo que el Rif te lanza sin avisar. Tensión. Verdor. Dureza. Y una carretera que no se regala a nadie.

Este es el Marruecos que no se enseña. Se atraviesa.


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