De Zagora a Taroudant: montaña seca y descanso tras el desierto

Taroudant en moto
Después del desierto, no todo es descanso. A veces el cuerpo sigue tenso. La mente sigue girando. Y entonces aparece esta etapa: de Zagora a Taroudant en moto, por el Anti-Atlas. Un tramo que no grita, pero ofrece tregua.Venimos del silencio, de dormir entre polvo y estrellas. Y ahora volvemos a subir. Pero no como antes. Ahora el ritmo es otro. Más suave. Más limpio.

Anti-Atlas: la montaña seca

El Anti-Atlas no busca conquistar. Es una sierra que simplemente está. Rocosa, austera, sin adornos. Las curvas se suceden con nobleza. No hay precipicios ni vértigo. Solo camino.

Rodar aquí es cruzar un pasillo entre dos mundos. Dejamos el sur profundo. Y poco a poco, sin darnos cuenta, Marruecos se vuelve más habitable. Más fácil. Más templado.

El olor cambia. El aire pesa menos. Las aldeas son más grandes. Aparecen motos locales, más tráfico, más tiendas. La civilización reaparece, pero no molesta.

Taroudant: murallas y sombra

Taroudant es una joya sin pose. Amurallada, cálida, acogedora. No intenta ser nada que no es. Aquí se duerme mejor. Se come mejor. Se respira distinto.

No vienes a ver cosas. Vienes a parar. A procesar lo vivido. A dejar que el cuerpo se suelte. Que la mirada se relaje. Que el viaje haga digestión.

La moto descansa. Tú también.

La sensación de haber cruzado algo importante

Esta etapa no tiene épica. Tiene equilibrio. Tiene esa mezcla de final y transición. De haber dejado atrás algo valioso. De saber que el mar está cerca.

Y con el mar, vendrá otra cosa: ligereza. Pero aún no. Hoy solo toca agradecer el cambio. Aceptar la curva tranquila. Comer sin prisa. Dormir sin alerta.

De dentro hacia fuera

Hay etapas que miran hacia adentro. Esta empieza a abrir. A soltar. A respirar por fuera lo que por dentro ya se calmó.

Este viaje no corre. Se despliega. Y aquí, se reacomoda.


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