Viaje en moto al norte de México. Día 1. Puebla-Guadalajara

Viaje en moto al norte de México. Día 1. Puebla-Guadalajara

Diario de viaje en moto al norte de México. Día 1. Puebla-Guadalajara

Seis de la mañana, suena el despertador para indicarme que hoy es el gran día. Hoy comienza nuestro viaje en moto hacia el norte de México desde Puebla. Lety se despierta a la vez que yo y nos ponemos en marcha, cada uno a su ritmo pero centrados en lo que hay que hacer antes de partir.

En todos los comienzos de nuestros viajes en moto nos pasa igual: nos sumimos en un silencio personal que nos ayuda a empezar, a controlar las emociones que en cada uno generan todos los primeros días de viaje. En mi es una mezcla de inquietud y alegría por la partida hacia quién sabe qué podrá pasarnos pero con la seguridad de que he hecho todo lo que estaba en mi mano para que todo salga bien.

Me tomo un café de la Nespresso, cargo la moto con mi maleta lateral, la bolsa sobredepósito, reviso mentalmente una y otra vez si llevo todo lo que necesito en ese encontrar el equilibrio entre lo estrictamente necesario y los «por si» de turno. Ya no le doy más vueltas, el tiempo de pensar se terminó y si me dejo algo, no será tan importante que para eso están las listas que hice en los días previos al viaje. Ahora es tiempo de rodar con la Vstrom 650 bautizada con el nombre de Patagonia.

La partida hacia Guadalajara

Sergio sale a despedirnos. Nos abrazamos, nos desea buen viaje, arrancamos a Patagonia y partimos hacia Guadalajara. Chao Sergito, cuánto te quiero hermano. Siempre que vengo a México, Sergio me recibe en su casa. Él es como un hermano para mí con el que disfruto compartir la vida. Somos los compañeros de piso ideales. Pura armonía nuestra convivencia. Todo un caso de éxito. La verdad es que yo soy facilón para convivir pero Sergito, es más todavía.

Y sin darme cuenta, ya estamos en el periférico de Puebla que es al fin y al cabo, una autovía que rodea la ciudad con muchas entradas y salidas hacia ella. A esta hora, el tráfico es intenso. Y yo que creía que no iba a haber tráfico… iluso de mí.

Nuestro objetivo inmediato en el viaje en moto de hoy es enlazar con la autopista México – Puebla y tomar el Arco norte que es una autopista de cuota (peaje para el lector español) que sirve como circunvalación de la Zona Metropolitana del Valle de México y evita el paso diario de miles de vehículos por la congestionada capital del país, ahorrando hasta 4 horas de recorrido. En nuestro caso es también la mejor opción para llegar a Guadalajara.

El frío como compañero de viaje

Hacemos una parada técnica en una gasolinera para cambiar de guantes y abrigarnos algo más. Está haciendo más fresco del que yo pensaba y tan solo llevamos media hora de camino. Continuamos sintiéndonos mejor, tomamos el peaje a la altura de San Martín Texmelucan y tomamos ya el Arco norte. A medida que vamos avanzando, el frío se hace más presente. Vamos a aguantar a ver si con el sol más alto, baja el frío que según el termómetro de Patagonia tenemos 6ºC a los que siempre hay que restarle 4º que es el error que tiene el susodicho. Lo tengo comprobadísimo. La verdad, no pensé que haría tanto frío. El año pasado estuve rodando por estos lares y no picaba tanto.

Seguimos en la ruta prácticamente en solitario y con algún que otro tráiler como compañero de camino. Lety se aguanta bien el frío pero intuyo que está como yo: fresquita por dentro. Y pensar que llevamos tan solo noventa kilómetros y nos quedan seiscientos diez hasta Guadalajara… comentamos sobre el paisaje que está brumoso, de un talante un tanto lúgubre que irá desapareciendo a medida que el sol despeje la bruma y comience a iluminar como es debido.

Decidimos parar a tomar algo caliente para combatir el frío y nos salimos en una parada a la altura de Pachuca de Soto. Tan solo está el Oxxo abierto y no nos queda de otra que tomarnos un café con leche de máquina de los que dejan mucho que desear. Es lo que hay y calienta el cuerpo. Aprovecho para meterme en el baño y sacar la artillería pesada contra el frío: camiseta térmica, forro polar y las tres capas de la chaqueta Spidi: el plumífero, la capa impermeable y finalmente la cordura. A ver ahora cómo nos va con el upgrade contra el frío.

Un camionero me pregunta para adonde vamos. Al decirle que a Guadalajara no puedo evitar ver cómo en su cara se dibuja una breve expresión que da a entender sus pensamientos sobre nosotros: y a dónde chingados van ustedes en moto a Guadalajara con la que está cayendo de frío. Me pregunta si mi chaqueta es impermeable y le explico el sistema de capas. Se queda sorprendido de lo ocurrente del sistema, nos da ánimos y nos consuela diciéndonos que al dejar el arco norte, el frío baja y hasta Guadalajara todo bien. Nos quedan entonces, unos doscientos kilómetros de frío. A echarle narices y a encontrarle el goce, que sarna con gusto, no pica.

Adiós Arco Norte, hola Federal 15D

Dejamos el Arco norte y tomamos la federal 15D que va de Guadalajara a Atlacomulco. La D significa Directa, es decir, de cuota y como bien decía el camionero, la cosa del frío mejora. En parte por las horas, en parte por el terreno, en gran parte por el sol que ejerce su autoridad climática. Gracias astro rey por existir. El termómetro digital de Patagonia confirma nuestra mejora corporal: 13ºC que son en realidad nueve. Genial.

Son ya las once de la mañana y toca parar a cargar energías: gasolina para la moto y almuerzo para nosotros. Salimos en una parada donde hay un Café Km 118. Lety se pide tostadas con mantequilla y yo unos chilaquiles. Qué ricos. Viva México. Por cierto, hemos cambiado de Estado: de Puebla a Michoacán.

Terminado ya el almuerzo tomamos conciencia de que llegamos a la hora adecuada porque hay un colón de narices en la entrada del restaurante. Uno más de los innumerables beneficios que tiene el madrugar cuando se viaja en moto. No me cansaré de repetirlo.

El Profe

Son las doce de la mañana y hemos empleado una hora para almorzar. Bien. Estamos dentro de lo previsto. Si todo fluye, llegaremos a mediodía a Guadalajara y nos encontraremos con el Profe. Qué ganas de abrazarlo. Carlos, alias el Profe es un gran amigo de Lety y mío que nos va a recibir en su casa. Yo pensaba finalizar esta primera etapa del viaje en Tequila que está a unos sesenta kilómetros de Guadalajara pero cuando el Profe nos confirmó que hoy estaría en Guadalajara y que tenía tiempo disponible para compartir con nosotros, no dudamos en recalar en sus dominios.

Perderse la oportunidad de disfrutar de la compañía de alguien como el Profe, entra en la categoría de cosas que uno no se debe permitir en la vida. Gran persona y mejor amigo, el Profe es de esos seres que agradeces tener en tu vida y aunque nos gustaría vernos más a menudo, la distancia entre continentes lo hace complicado pero hoy, disfrutaremos de su compañía y su persona.

Las paradas técnicas

Una hora más tarde, parada técnica. Ya que estamos y aunque no hace falta, llenamos el depósito a Patagonia, así condicionamos las paradas a nuestras necesidades y no porque haya que repostar.

Las paradas técnicas en los viajes en moto son siempre breves. Su finalidad es estirar piernas y evitar que se le borre la raya que separa las nalgas del motero y la  motera y también se aprovecha para hidratarse que es algo que en moto es muy necesario y que todavía no entiendo cómo puede uno deshidratarse conduciendo la moto pero pasa. Hay que forzarse a beber.

Llegada a Guadalajara. Fin de la primera etapa de nuestro viaje en moto

Continuamos por la federal 15D y una hora y ciento diecisiete kilómetros más tarde, a Lety le molesta la ciática y aprovechamos para otra parada técnica. Esta vez en un Área 24/7 a la altura de Ecuandureo. Estiramientos, hidratación, seguimos ruta, cambio de estado sin darnos cuenta (Jalisco) y ciento cincuenta kilómetros más tarde llegamos a las afueras de Guadalajara.

Son las cuatro de la tarde y llegar a casa del Profe nos cuesta cuarenta minutos más. Es lo que tiene entrar en las grandes ciudades y Guadalajara es la segunda ciudad de México. Al final hemos tardado más de lo previsto pero llegamos sanos, salvos y contentos. Es el primer día de nuestro viaje en moto, el primer día de un sueño hecho realidad. Un sueño soñado por allá por el dos mil cuatro cuando puse el pie por primera vez en esta tierra y pensé: sería genial recorrer México en moto. Me siento afortunado y bendecido. ¡¡¡Viva México cabrones!!!

El profe nos recibe en su casa y nos ponemos al día. Las horas en compañía de seres como él pasan volando. Cenamos, reímos, hablamos y hablamos… qué delicia. Profe, te queremos un chingo.

 

 

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